Inercia
Cada atisbo de regocijo me sume en una melancolía aún más profunda que la anterior, muy dura de masticar, dolorosa de digerir. Mi presente son los recuerdos del pasado que, aunque lacerantes, llenos de la familiaridad que lo caracterizan, se hacen tan llevaderos como pisar descalzo clavos enrojecidos por el calor. Un refugio seguro de dolores nuevos, que me obliga a repetir en un bucle los antiguos. Un sorbo amargo, no lo suficientemente asqueroso para arriesgarme a tomar de otra copa, pero sí lo suficientemente similar al sabor de mi realidad para anclarme a su corteza; vivir en constante lluvia para evitar una posible inundación. Soy temeroso al ahogamiento, igual que a pasar frío, pero no lo suficiente para caminar hacia adelante y buscar resguardo. ...