Me siento solo, y lo que más quiero es alejarme de la gente. No soporto estar rodeado de personas que miran a través de mí, que ríen, pero ni de mí ni siquiera conmigo.
Soy la pieza faltante de un mueble que aprendió a sostenerse con tres patas. Incluso cuando debería ser imprescindible, llegará alguien más que ocupará mi lugar, aunque sea con mentiras.
Odio las injusticias, pero cuando eres la única pieza que sostiene un mundo entero, es peligroso ayudar, más aún cuando tu palabra, para los demás, es una mentira. Pago los platos rotos míos y de los demás.
Me derrumbaron. Mi mundo se vino en picada. No confiaré ni en el ser ni en la palabra. Traté de decir la verdad, aunque otros viven en su mentira, y perdí. Nunca me consideré bueno ni malo, pero me hicieron sentir como la peor persona del mundo, incluso cuando su boca confesó cosas tan inmorales. Ahora su hipocresía habla y señala cuando su mentira se destapa.
No los juzgué, pero esas personas que llenan su boca con bondad tienen un gran historial que esconder y olvidar, y una fuerte tiza para tachar los errores ajenos.
Aprendí de todo esto que lo correcto no siempre es lo mejor y que ser justo no te lleva necesariamente a algo bueno. No se puede confiar en nadie, ni siquiera en tu propia sangre. Les complaceré con eso que me tacharon toda la vida: me convertiré en una persona mala. Olviden las palabras suavizadas y los comportamientos de respeto; tendrán que ganárselo. Y si me estorbas, caminaré sobre ti. No me importa lo que sientes o lo que piensas. Pensaré en mí y seré mi mayor prioridad.
Púdranse en la basura. Recen para no volver a cruzarse en mi camino.