Pensar en el futuro puede ser abrumador, incluso llegando a crear una fuerte coraza para evitar el dolor de enfrentarlo. Podría parecer seguridad, una manera de estar preparado para lo que se venga, pero en realidad puede ser todo lo contrario: una armadura que te protege, pero que pesa tanto que no te deja avanzar, atrapándote en el pasado y con la sensación de que el futuro es algo insufrible.
Temerle al futuro es como temerle a la muerte: algo sin sentido. Al final, el futuro será tu próximo presente y la tumba tu último destino, sin excepción ni forma alguna de escapar del evidente final.
Darle la cara y resolver los conflictos es lo único que debes hacer; no porque lo diga yo, sino porque no podrás evitarlo. Es como tratar de calmar las aguas de un mar que, por los siglos de los siglos, ha estado en constante movimiento. Ni la protección más fuerte evitará que te ahogues en tus problemas.
No necesitas eso; necesitas las herramientas para combatir contra ese jefe que nunca matarás, pero que, con los artilugios correctos, tendrás domesticado como un amo a su perro. Conocimiento, habilidades físicas y mentales podrán ser más letales que cualquier arma en una guerra, con la diferencia de que aquí el conflicto es constante y no se derrama sangre.
Trabaja tu presente para que, cuando el futuro se aproxime, puedas domarlo con la facilidad de alguien que tiene lo necesario en el lugar correcto; es decir, en tu nuevo presente.