Es La Hora
Podía ver su cara a través de él. No podía hacer nada, estaba desapareciendo. Y eso, me producía una felicidad inexplicable. —Estás desapareciendo. —¿Qué? —preguntó, sin haber escuchado mi voz ¿Y si se percata? No, mejor, no, pensé. No estaba segura, pero había una posibilidad de que al notarlo pudiera dejar de hacerlo, y eso, yo no lo deseaba. Quería deshacerme de Luis, y esa era mi oportunidad. Mi mamá, aunque más lejos que Luis, se percató de mi voz. Con seguridad, la preocupación por mí la mantenía alerta. ...